Vivir en un país lejano siempre es difícil. Y es aún más difícil cuando eres un apasionado del fútbol regiomontano. Siempre se extrañan esos rituales futbolísticos que tenemos en Monterrey: la ida al estadio cada quince días, ver y/o escuchar los diversos programas deportivos que hay en la programación local, coleccionar los suplementos especiales que esporádicamente aparecen en los diarios locales, platicar con la familia y/o amigos sobre fútbol, echar “carrilla” al equipo de enfrente, etc. Afortunadamente, la tecnología del día de hoy, nos permite vivir de manera virtual todo este ambiente que tenemos en Monterrey. Por lo tanto, el vivir a medio mundo de distancia no fue impedimento para ver, sufrir, gozar y celebrar un campeonato más de Rayados, esta vez ganando la final de la Liga de campeones de la CONCACAF 2012-2013.
El jueves dos de mayo me desperté más temprano de lo usual por los nervios. Llevé a cabo el ritual matutino y porté orgullosamente el jersey rayado del Club de Fútbol Monterrey (edición 2012-2013). Caminé al metro, llegué a la oficina y empecé a buscar algún link que me permitiera observar el partido. A pesar de ser día laboral, como buen aficionado de fútbol, me olvidé momentáneamente del trabajo, y a las diez de la mañana vibré con la emoción del silbatazo inicial. Como vivo en Hong Kong, la diferencia de horarios con Monterrey es de trece horas hacía adelante. De esta manera, mientras el Estadio Tecnológico albergaba una final más a las 21 horas del miércoles primero de mayo, yo estaba sentado en mi cubículo oficinesco en Hong Kong el jueves dos de mayo a las 10 de la mañana.
Arrancó el juego y comencé a morderme las uñas de los nervios. Mientras mis asiáticos colegas trabajaban, yo sufría el desconcierto de un posible resultado en contra del CF Monterrey. Rayados controlaba las acciones del encuentro, pero Santos llegaba con contragolpes peligrosos al marco protegido por Jonathan Orozco. Cayó el primer gol de Santos, y me entristeció un poco, pero no perdí la esperanza. Se vino un respiro de quince minutos con el medio tiempo, y para hacer tiempo, me ocupé de algunos pendientillos que tenía. Arrancó la segunda mitad y me sorprendió el segundo gol en contra. Todo se venía abajo, se nublaba mi mente. Sin embargo, en vez de perder la esperanza, recordé la hazaña de la final de ida del Apertura 2009 y seguí comiéndome las uñas mientras veía el juego.
Fue entonces cuando el “Tecatito” Corona desbordó por la banda derecha, mandó el centro y apareció De Nigris para cerrar la pinza. Por estar en la oficina, tuve que mantener la compostura y ahogué el grito, pero celebré en silencio cerrando el puño de mi mano derecha. Sin embargo, los siguientes diez minutos fui un manojo de nervios. Quedaba tiempo suficiente, Rayados tenía la posesión del balón, pero el equipo contrario consumía valiosos segundos al jugar cualquier tipo de balón a tierra. Fue entonces cuando entró Neri y revolucionó el ataque. “Chupete” Suazo cobró un tiro de esquina cuyo rebote cayó a los pies de Cardozo. Su fogonazo estremeció las redes y para no gritar comencé a reír y oculté mi cabeza en el escritorio para evitar que mis compañeros atestiguaran la celebración. Tres minutos después, el esférico nuevamente besó las redes, ahora gracias al poderoso remate de cabeza de Aldo De Nigris, precedido por un preciso centro de Suazo.
Por fin había ventaja. No pude contener mi felicidad y desahogué el grito de gol enviando tweets. El cuarto gol no pude verlo en tiempo real porque la transmisión por internet se cortó en ese momento. Sin embargo, la algarabía y la felicidad de un campeonato más se apoderaron de mí y gracias al internet y las redes sociales, pude celebrar con otros aficionados rayados en otras partes del mundo.
Al terminar el día laboral, tuve que ir a tomarme la foto del triunfo con la hermosa vista de la isla Hong Kong. Sin embargo, aún mejor, aproveché la exposición de un pato de hule gigante para celebrar el tricampeonato del Club de Futbol Monterrey a su lado.
El pato gigante y yo celebrando el tricampeonato concacafkiano del CF Monterrey.










